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LA PANDEMIA EN UNA SOCIEDAD QUE PARECE ADOLESCENTE

Vuelven a subir los contagios y los ingresos. Otra vez, las medidas preventivas se endurecen. Volvemos a enfrentar el confinamiento, cierre de negocios… La estabilidad de muchas familias otra vez sufre un revés … y no sólo económico. De nuevo, vuelven los comentarios y quejas sobre la adecuación de las medidas, sobre las verdades y mentiras que nos cuentan en relación con las estadísticas, las vacunas… Vuelve todo ese movimiento social que hay detrás de las situaciones en las que no tenemos el control y otros asumen las decisiones en nuestro nombre. No es este el espacio para discutir si las medidas son o no adecuadas. Pero lo que es innegable es que el virus no se contiene y que cada vez que se flexibilizan las normas, suben los contagios.

No es una cuestión de buscar responsabilidades ni culpas, si no de plantearnos que pasa… ya no podemos decir que sea por falta de información. Parte de la población vive atemorizada y angustiada por la situación y las vulnerabilidades personales y familiares ante un virus y sus consecuencias. Y, por otro lado, parte de la población que, sintiéndose privada de sus libertades, buscan la manera de recuperarlas… Y ahí están los resultados, suben los contagios.

Esta situación nos recuerda a algo que escuchamos continuamente en los despachos de nuestro centro. Quienes son quienes se saltan las normas, se muestran irresponsables, no se consideran vulnerables (“eso le pasa a los demás”, ¿“por una vez no va a pasar nada…)?. Según nos consta, esos son los adolescentes, según dicen…. Pero, lo cierto y verdad es, que ahora, estas actitudes se observan y estos comentarios se escuchan también en la cola del supermercado, en los bares, en la calle… por parte de adultos, en muchas ocasiones responsables de adolescentes. Y bueno, ahí están los resultados, suben los contagios.

Ahora, nos avisan de que esta pandemia tendrá consecuencias psicológicas en la población general, no sólo en los sanitarios. Ya la está teniendo. De forma muy grosera podríamos destacar que, en los niños más pequeños, porque están cambiando sus hábitos de desarrollo y ocio, además de convivir con la angustia de sus padres. Los adolescentes, porque a pesar de estar readaptándose en sus hábitos sociales y académicos, están pasando mucho más tiempo en casa, para lo bueno y para lo malo. En los adultos, porque no tenemos la misma capacidad de mantener a nuestras familias o lograr los recursos que garantizan la estabilidad y estilo de vida. Y los ancianos, por el tiempo perdido, la crueldad del virus y la soledad que se agudiza con esta situación. Y claro, la vivencia es, que hagamos lo que hagamos, ahí están los resultados, suben los contagios.

El problema que vemos es que seguimos viviendo esta circunstancia focalizando en la pérdida que ha supuesto (no sólo por las personas que han perdido su vida), en cuanto tardaremos en volver a la “normalidad”, en pretender que todo vuelva a ser como fue. Y esto no volverá a pasar. Esta situación está dejando aprendizajes y vivencias suficientes en cada uno de nosotros, como para saber que no debemos dejar pasar esta situación sin aprender que es lo importante. Que quizás debemos revisar los valores y las motivaciones que regían nuestra vida antes de la pandemia. Que los nuestros están bien, si podemos estar con ellos sanos y disfrutando del tiempo y de los sentimientos que nos unen. Solo por eso, tenemos que cuidarnos, tenemos que confiar y respetar las medidas de salud y prevención que se nos van indicando (y que van más allá de los intereses políticos). Y sobre todo que, cuidando de nosotros, cuidamos de los nuestros y así, al igual que los patrones de contagio del virus, podremos pararlo entre todos.

Queremos terminar, afirmando algo. Y es que esto, la mayoría de los adolescentes que ven cómo se hace en sus casas, lo saben y lo respetan. Así que, desde el Centro eNBlanco, queremos pedir que las familias incorporen la educación en salud a los valores que se transmiten en las casas. Recordarles que nos ofrecemos para apoyar y orientar en estos procesos a todos los que puedan necesitarlo. No sólo porque padezcan un sufrimiento clínico por esta situación. Si no también porque quieran educar a sus hijos y amigos en la prevención y el autocuidado. Y así evitaremos que se mantenga esta situación y, los contagios dejaran de aumentar.

 

¡Mucho ánimo y todo  nuestro cariño y apoyo para tod@s!

 

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