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¡PEDIR AYUDA, ESTÁ BIEN!

Desde el inicio de la pandemia, se viene observando un aumento notorio de manifestaciones de depresión y ansiedad en niños/as y adolescentes. La ruptura con la vida cotidiana, la modificación de los hábitos de vida, los encierros… han sido demasiado para ellos. Consecuentemente, en la actualidad, están debutando con unos niveles de sufrimiento difíciles de manejar no sólo por ellos mismos, sino también para sus entornos familiares.

En este sentido, estamos observando un aumento significativo de demandas asistenciales por parte de los padres. Se deben a que los desórdenes que observan en sus hijos e hijas no se justifican sólo por ser una “mala época” o una “edad mala”. Estas sospechas suelen basarse en las alteraciones manifiestas de las formas habituales de comportarse de los chicos. Conductas que, de pronto, irrumpen en los entornos familiares, cómo por ejemplo: el consumo de alcohol o drogas, el mal uso de la tecnología (videoconsolas, teléfonos, tablets…), las mentiras, conductas violentas e incluso autoagresiones. En otras ocasiones, lo que se puede observar es la desaparición de otras formas habituales de comportarse y relacionarse. En este aspecto, la queja más habitual es pérdida de la comunicación y de la expresión espontánea de emociones.

Estas manifestaciones del sufrimiento emocional de los chicos hace que las dificultades de entendimiento entre padres e hijos, se vengan complicando aún más. De hecho, hemos observado una evolución de las quejas habituales de los padres de preadolescentes y adolescentes (“mi hijo es un pasota”, “es un déspota”, “es un vago”, “siempre encerrado en su habitación sin querer saber nada de nadie”) a un escenario donde los adultos expresan ser conscientes de su incapacidad para protegerles.

Y es que en los últimos tiempos, los chicos/as también han perdido muchas de las protecciones que tenían (los amigos, las rutinas diarias, la cotidianidad…). Y están haciendo “lo que pueden” para mantenerse “medio bien”. Sin embargo, estamos pudiendo observar la “normalización de las conductas violentas” tanto hacía si mismos, entre iguales como hacía figuras tradicionalmente «respetables» (padres, profesores…), el abandono de hábitos y relaciones saludables, la ausencia de límites personales y muestras continuas de desorientación personal y falta de criterio personal en sus decisiones.

Por eso, iniciamos la campaña “¡Pedir ayuda, está bien!”. En el que cada semana queremos ir visualizando muestras de sufrimiento infanto-juvenil e incluso adulto. Padecimientos que, desgraciadamente, no se resolverán solos y que claramente no son “normales”. Son vivencias con las que nos encontramos en nuestro día a día asistencial de forma muy habitual. Y que sabemos que pueden dejar una huella destructiva en sus procesos madurativos, en el desarrollo de la identidad y por tanto, en la capacidad para desarrollar una vida autónoma y feliz. Así pretendemos tender la mano y llegar a aquellas familias que están enfrentando estas situaciones y que no saben como manejar estas vivencias o a donde acudir.

Así que, recordad: “¡Pedir ayuda, está bien! y…  ¡¡¡nosotros estamos aquí!!!

Texto: Nuria Blanco Piñero

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