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POR AMOR, ESTAREMOS JUNTOS PARA SIEMPRE… AUNQUE NO ESTÉS A MI LADO.

En estas fechas, de puente y fiestas recordamos a todos los que se fueron, a todos los que queremos y fallecieron. El día de los difuntos y el de todos los santos.

Entre tradiciones importadas y fiestas, repasamos todas las perdidas que hemos enfrentado. Y, por tanto, tomamos conciencia de todo el amor que somos capaces de sentir por aquellos que ahora forman parte de nuestras vidas, pero de otro modo. De un modo, más espiritual, porque ellos/as están en y con nosotros… nos acompañarán para siempre. Así que si, es una fecha que celebra el Amor. Del amor que hemos cultivado y criado con esas personas y hacía ellos/as. El que nuestros fallecidos nos profesaron. Del que, a veces creemos que la muerte nos ha arrebatado.

En este sentido, el proceso de duelo es inevitable. Porque nuestro dolor ante las pérdidas que vivimos es reflejo de lo mucho que los queremos, de lo importante que fueron en nuestras vidas y de todo lo que nos aportaron. Sufrimos en tanto en cuanto conseguimos reubicar todas esas vivencias y empezar a sentir que siguen en y con nosotros.

Desde nuestro punto de vista, una de las mayores dificultades que implica el amor es la aceptación del otro/a. Aceptar sus manías, sus torpezas, sus fallos y también, sus circunstancias en la vida. Por lo tanto, desde nuestra concepción del duelo, como parte de la redefinición de nuestra forma de amar a quien se nos va, la parte más dura y dolorosa será aceptar que han fallecido.

Acostumbrarnos a no volver a sentir sus abrazos o volver a oir su voz. Pero también, comprender que ya no podremos volver a perder a quien ya, de forma definitiva, forma parte de nosotros. Consecuentemente, no podremos olvidarles o “superarles”. Tendremos que aprender a sentirles en y con nosotros. A reconocer los aprendizajes que, en otro tiempo, adquirimos de y con ellos. A sentir que ellos nos acompañaran en cada momento de nuestra vida, en cada decisión, en cada logro y en cada duda.

Nadie quiere perder a quien ama. Hay veces que nos cuesta aceptar nuestras pérdidas demasiado. Y sufrimos en exceso porque los queríamos mucho. Pero no aceptar su fallecimiento, no significa que le queramos más, muchas veces solo implica que el miedo y la tristeza de seguir sin ellos nos supera.

Y esta confusión entre el amor y el miedo puede ser tan dura que nos lleve a sentirnos bloqueados, desorientados, excesivamente tristes o enfadados. Hasta el punto en el que sentimos que no podemos continuar, e incluso que no tenemos por qué hacerlo. Es en este punto, donde el proceso de duelo se empieza a complicar. Y, de nuevo, será el amor a ellos y a nosotros mismos, el que nos impulsará a pedir ayuda para poder continuar con la vida plena que quisimos tener. Es un proceso difícil y doloroso redefinirnos a nosotros mismos y a nuestra vida, en esta nueva etapa. Si no sabemos como hacerlo, como salir de ese bucle o de ese bloqueo, sería conveniente buscar quien nos ayude a recuperarnos.

Porque pedir ayuda está bien. ¡¡Cuenta con nosotros!!

 

Texto de Nuria Blanco Piñero.

One Comment

  1. Guillermo on

    Muy buena entrada del blog, ¡Qué gran verdad!. Todos hemos pasado por pérdidas dolorosas, y a veces todos necesitamos ayuda.

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