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NAVIDAD, ¿DULCE NAVIDAD?.

Aún no ha empezado la Navidad y estoy intentando ser disciplinada con los turrones y mantecados. Así que la duda que me asalta no la puedo justificar desde el subidón de azúcar, pero asumo que no es muy normal. ¿No os parece que nos están liando un follón importante con el temita de los elfos?. ¿Quienes lo son? y ¿quienes no?. El año pasado, todo el que se ilusionaba con la Navidad era un elfo, este año todos los niños son elfos… y bueno, me surge la pregunta… si no eres un elfo porque no te hace ilusión la Navidad o no eres un niño… ¿Qué eres?. ¿Qué papel juega la Navidad en tu vida?, ¿Cómo se vive la Navidad así?.

La mayoría de nosotros deseamos que lleguen las fiestas, las reuniones familiares, los regalos y demás eventos propios de estas fechas. Seas elfo o no… Pero a medida que se van acercando y se nos van “echando encima las fechas”, comienzan a aparecer los “uff”, “hay madre”, “a ver como acabamos este año” y los “veras tú”… que son aún más propios de estas fechas…

Parece que a medida que se acercan las fechas, somos menos los elfos y más los Pseudo- Grinch… y los niños… ¿qué os voy a contar?… tanto exceso de ilusión puede llegar a ser una bomba de relojería… Y tenemos que convivir con ellos pletóricos y nosotros con todo el estrés de la preparación de las fiestas… ¡qué diferencia de ritmos afectivos!. Entre los adultos solemos observar muchísima ambivalencia entre “los quisiera” y “los puedo/no puedo”. Las dudas sobre lo que es bueno y lo que no, para nosotros y para quienes nos rodean, suelen generarnos un estado de inquietud que nos dificulta disfrutar y mostrarnos equilibrados, en muchas ocasiones.

Cada Navidad tiene un sentido diferente, tiene sus matices… no vamos a redundar en los valores, ni en los significados, ni en todo lo que ya hemos venido comentando en escritos anteriores. Pero si que queremos compartir con vosotros algunos consejos para sobrevivir a las fiestas, sobre todo si hay niños de por medio:

*Define bien los objetivos de tu día… y sobre todo los que impliquen a terceros.

*Planifica bien el tiempo… y sobre todo si necesitas la colaboración de otros, deberás tener en cuenta sus organizaciones personales.

*Equilibra la obligación con el ocio. Define bien los tiempos. Si hay niños/adolescentes de por medio, estructura bien el tiempo para hacer deberes y obligaciones del que podrán disfrutar y divertirse (sobre todo si hay videoconsolas de por medio).

*Busca planes para hacer en familia, pero también para ti solo/a y/o con tu pareja. Y si podéis buscar planes para los niños en los que lo pasen bien y aprovechen el tiempo.

*No esperes conductas en tus familiares (y sobre todo en niños y adolescentes) que no se dan en otras épocas. Lo sentimos, ¡¡¡no es verdad que la Navidad estimule la necesidad de comunicarse y ser cariñosos en ellos!!!.

*Si ha habido alguna pérdida o hay alguna circunstancia particular que afecte al desarrollo de los festivos, debemos hablarlos con anterioridad. No esperemos a las fechas claves o a los momentos de mayor emotividad en los que puedan darse crisis emocionales, para enfrentarlos. Normalmente los niños y adolescentes no disponen de suficientes recursos para manejarlos y por tanto, pueden tender a evitarlos o a mostrar conductas desajustadas, mejor prepararlos con anterioridad.

*Al pasar más tiempo juntos, solemos tomar más conciencia de todo lo que no nos gusta o nuestros hijos no hacen adecuadamente. Aunque después del confinamiento deben quedar pocas sorpresas, pero podemos enfrentarlo mucho mejor. ¡¡Seleccionemos las batallas!!, no podemos estar todo el día riñéndoles.  Y recordemos que siempre es mejor estructurarles el tiempo y facilitar que se porten bien y de este modo, que se ganen todas las cosas buenas que trae la Navidad. Es decir, si facilitamos que sean unos elfos controlados… los adultos evitaremos convertirnos en los genuinos Grinch!!!.

*En el caso de los adolescentes y muchos adultos, el desorden de horarios y los abusos con el consumo de alcohol y otras sustancias, pueden verse disparados. Seamos coherentes con las consecuencias que aplicamos a estas incidencias. Siempre es mejor prevenir que curar.

Si con todo esto no conseguimos que las vacaciones de Navidad dejen de provocarnos tantos “uff” o “madres mías” y empiecen a hacernos sentir la ilusión que debieran, quizás es el momento de buscar ayuda. En esta ocasión, no es sólo coger nuestras manos de psicólogas y psiquiatras para meterle mano a lo que sea que nos la esté robando. También podemos ayudarte con tus hijos, en nuestros campamentos o en nuestros grupos terapéuticos. Con las escuelas padres, si lo que consideras que necesitas es orientación y apoyo. O simplemente con el acompañamiento en la búsqueda de soluciones en los distintos problemas que podamos vivir… Pero lo que es seguro es que incluso en Navidad, si no podemos solos… no te olvides que “Pedir Ayuda No Está Mal”.

 

Texto de Nuria Blanco Piñero