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DINOS CON QUE SUEÑAS Y TE DIREMOS COMO ESTÁS…

¿Qué diferencia hay entre los que desean que les toque el gordo de la lotería y que les toque el pellizquito que necesitan para quitarse de deudas y ayudar a los suyos?. ¿Entre los que aspiran a ganar para vivir tranquilos pudiendo pagar todas sus cosas y los que, en igualdad de condiciones, piden para, además, poder viajar, comprar, hacer….

¿Qué diferencia hay entre quienes no se atreven a planificar unas vacaciones, por lo que pueda pasar y los que sueñan con viajar a sitios exóticos y sin pensar en cuánto es razonable gastar en ese plan?.

¿Qué diferencia hay entre quienes se duermen soñando con una playa exótica y los que lo hacen con todo lo que les queda pendiente para el día o el mes siguiente?.

Ante estas preguntas muchos pensarán en la responsabilidad, la prudencia, la coherencia…. Y todo eso estaría muy bien, si estuviésemos hablando de nuestra forma de enfrentar la realidad, nuestro día a día cotidiano. Pero no, os preguntábamos por vuestros sueños, por vuestros deseos, por todo eso que os haría sentir felices (si es que eso existiese).

Con esta aclaración entonces, quizás nos empecemos a plantear algún caprichillo o escapadita, pero a los dos minutos… de nuevo… la maldita responsabilidad y pensamientos del tipo “deseo salud, porque sin salud…”, “que les vaya bien a mis hijos, que no les falte…”, “… que la empresa vaya bien, porque la estabilidad del sueldo es fundamental…”, etc… y cada uno con nuestra historia. Otras personas piensan directamente que los sueños son tonterías y que lo que hay que hacer es proceder y vivir con lo que se genera, siempre que tengamos todo lo demás controlado. Y no está mal, pero al final… miedo al «no poder» y necesidad de controlar la situación para sentirnos seguros.

Y esto es porque a muchos el miedo les ha secuestrado la capacidad de soñar. Y si no soñamos… que pasa con las ilusiones?. Y sin ilusiones… para que me levanto cada mañana?… y es en este punto es donde se diferencian los unos de los otros.

Y es así. La ilusión o mejor aun, las ilusiones son el color de nuestros días. Son la gasolina que nos ayuda a enfrentar las responsabilidades y obligaciones de nuestra vida cotidiana y proteger nuestro estado anímico. Y por supuesto, dan sentido a nuestro autocuidado, porque hay que estar en forma para disfrutar de nuestros planes e ilusiones. También son el motivo por el que diseñamos planes y estrategias para conseguir esos sueños y de ese modo, poder refugiarnos “en lo que será”, cuando “lo que es” pesa demasiado.

Ahora es Navidad y parece que es la única época del año en la que la ilusión y los sueños son válidos y se pueden expresar, tengamos la edad o las responsabilidades que tengamos. Pero esto no debe ser así. La vida se vuelve muy gris si no nos ilusiona que llegue mañana (aunque sea Lunes) porque se que voy a ver a alguien o voy a poder hacer algo. Que llegue el Jueves, porque llega mi familia de fuera. O el fin de semana, porque podré escaparme a la playa… También me encanta mi hucha de vacaciones, guardo todas las monedas de 50 cms y a ver donde llego este verano. Deseo ver la cara de aquellos que quiero cuando abren regalos o consigo sorprenderlos. O cuando consigo que se ilusionen con mis sueños… En fín, luego me levanto muy tempranísimo y a trabajar… pero todo tiene mucho más sentido si ese esfuerzo me acerca a algunos de mis sueños o ilusiones.

Pero también es cierto que, cuando me ilusiono mucho pero no consigo casi nada, o por lo que sea se frustran nuestros sueños con demasiada facilidad, el dolor es bastante intenso. Y esto puede hacer que tomemos una actitud defensiva… si no me ilusiono, no me frustro y no me duele

Normalmente, son muchos los problemas que nos llevan a este punto. El primero es concretar en el tiempo cuando deben cumplirse nuestros sueños… y eso no siempre estará en nuestra mano o en nuestra capacidad de trabajar por ellos. El segundo, sería considerar que nos merecemos conseguir nuestros sueños porque trabajamos mucho o porque somos buenos y se nos olvida que son ilusiones que contribuyen a darle sentido a nuestra vida, no tanto afirmaciones o imposiciones que le hacemos al futuro. Podríamos enumerar otros motivos, pero nunca abarcaríamos ni la gran variabilidad de sueños e ilusiones que podríamos llegar a crear, ni como los enfrentamos, ni como gestionamos las potenciales frustraciones… porque cada uno de nosotros lo enfrentamos de un modo diferente.

Lo que si es seguro que, sin necesidad de que refleje ningún tipo de enfermedad mental, aquellas personas incapaces de soñar o con dificultades para ilusionarse, son mucho más vulnerables a vivir en la desmotivación y el vacío. Aunque sólo pretendan evitar sentirse frustrados cuando se tuerce lo que proyectaron. Tenderán a guiarse en su vida desde la responsabilidad y el control, desde la rigidez. Sin beneficiarse de los colores que aporta pensar como estaré en esa playa desierta de aguas cristalinas o al conseguir llegar a ese pico que quiero subir o cuando me reencuentre con esa persona que me encanta o me pueda comprar lo que sea que me apetece…

Así que, quiero terminar este escrito deseando de corazón que todos disfrutéis de la capacidad de soñar, soñar mucho muchísimo. No un poco. No lo justo. Que soñéis muchísimo, con grandes riquezas, con grandes logros… y luego ya veremos que conseguimos. Que soñar y disfrutar pueden ser parecidos pero no son sinónimos…y el truco está en ¡¡soñar a lo grande y disfrutar mucho de lo que consigo!!. Y si te cuesta soñar, ilusionarte, planificar locuras… si necesitas la seguridad del control y de lo previsible, ¡¡podemos ayudarte!!. Porque recuerda que ¡¡Pedir Ayuda está Bien!!.

Texto de Nuria Blanco Piñero

 

PD: Y si no os escribo en un tiempo, será porque el próximo Miércoles 22 me habrá tocado el Gordo de la Loteria y antes de irme de viaje a un sitio secreto en el que espero desconectar de todo, habréis recibido una llamada de teléfono para invitaros a una comilona rica. Porque en mi sueño aparecéis todos vosotros muy sanos y felices disfrutando conmigo de un gran momento.

            ¡¡Feliz Navidad!!

NAVIDAD, ¿DULCE NAVIDAD?.

Aún no ha empezado la Navidad y estoy intentando ser disciplinada con los turrones y mantecados. Así que la duda que me asalta no la puedo justificar desde el subidón de azúcar, pero asumo que no es muy normal. ¿No os parece que nos están liando un follón importante con el temita de los elfos?. ¿Quienes lo son? y ¿quienes no?. El año pasado, todo el que se ilusionaba con la Navidad era un elfo, este año todos los niños son elfos… y bueno, me surge la pregunta… si no eres un elfo porque no te hace ilusión la Navidad o no eres un niño… ¿Qué eres?. ¿Qué papel juega la Navidad en tu vida?, ¿Cómo se vive la Navidad así?.

La mayoría de nosotros deseamos que lleguen las fiestas, las reuniones familiares, los regalos y demás eventos propios de estas fechas. Seas elfo o no… Pero a medida que se van acercando y se nos van “echando encima las fechas”, comienzan a aparecer los “uff”, “hay madre”, “a ver como acabamos este año” y los “veras tú”… que son aún más propios de estas fechas…

Parece que a medida que se acercan las fechas, somos menos los elfos y más los Pseudo- Grinch… y los niños… ¿qué os voy a contar?… tanto exceso de ilusión puede llegar a ser una bomba de relojería… Y tenemos que convivir con ellos pletóricos y nosotros con todo el estrés de la preparación de las fiestas… ¡qué diferencia de ritmos afectivos!. Entre los adultos solemos observar muchísima ambivalencia entre “los quisiera” y “los puedo/no puedo”. Las dudas sobre lo que es bueno y lo que no, para nosotros y para quienes nos rodean, suelen generarnos un estado de inquietud que nos dificulta disfrutar y mostrarnos equilibrados, en muchas ocasiones.

Cada Navidad tiene un sentido diferente, tiene sus matices… no vamos a redundar en los valores, ni en los significados, ni en todo lo que ya hemos venido comentando en escritos anteriores. Pero si que queremos compartir con vosotros algunos consejos para sobrevivir a las fiestas, sobre todo si hay niños de por medio:

*Define bien los objetivos de tu día… y sobre todo los que impliquen a terceros.

*Planifica bien el tiempo… y sobre todo si necesitas la colaboración de otros, deberás tener en cuenta sus organizaciones personales.

*Equilibra la obligación con el ocio. Define bien los tiempos. Si hay niños/adolescentes de por medio, estructura bien el tiempo para hacer deberes y obligaciones del que podrán disfrutar y divertirse (sobre todo si hay videoconsolas de por medio).

*Busca planes para hacer en familia, pero también para ti solo/a y/o con tu pareja. Y si podéis buscar planes para los niños en los que lo pasen bien y aprovechen el tiempo.

*No esperes conductas en tus familiares (y sobre todo en niños y adolescentes) que no se dan en otras épocas. Lo sentimos, ¡¡¡no es verdad que la Navidad estimule la necesidad de comunicarse y ser cariñosos en ellos!!!.

*Si ha habido alguna pérdida o hay alguna circunstancia particular que afecte al desarrollo de los festivos, debemos hablarlos con anterioridad. No esperemos a las fechas claves o a los momentos de mayor emotividad en los que puedan darse crisis emocionales, para enfrentarlos. Normalmente los niños y adolescentes no disponen de suficientes recursos para manejarlos y por tanto, pueden tender a evitarlos o a mostrar conductas desajustadas, mejor prepararlos con anterioridad.

*Al pasar más tiempo juntos, solemos tomar más conciencia de todo lo que no nos gusta o nuestros hijos no hacen adecuadamente. Aunque después del confinamiento deben quedar pocas sorpresas, pero podemos enfrentarlo mucho mejor. ¡¡Seleccionemos las batallas!!, no podemos estar todo el día riñéndoles.  Y recordemos que siempre es mejor estructurarles el tiempo y facilitar que se porten bien y de este modo, que se ganen todas las cosas buenas que trae la Navidad. Es decir, si facilitamos que sean unos elfos controlados… los adultos evitaremos convertirnos en los genuinos Grinch!!!.

*En el caso de los adolescentes y muchos adultos, el desorden de horarios y los abusos con el consumo de alcohol y otras sustancias, pueden verse disparados. Seamos coherentes con las consecuencias que aplicamos a estas incidencias. Siempre es mejor prevenir que curar.

Si con todo esto no conseguimos que las vacaciones de Navidad dejen de provocarnos tantos “uff” o “madres mías” y empiecen a hacernos sentir la ilusión que debieran, quizás es el momento de buscar ayuda. En esta ocasión, no es sólo coger nuestras manos de psicólogas y psiquiatras para meterle mano a lo que sea que nos la esté robando. También podemos ayudarte con tus hijos, en nuestros campamentos o en nuestros grupos terapéuticos. Con las escuelas padres, si lo que consideras que necesitas es orientación y apoyo. O simplemente con el acompañamiento en la búsqueda de soluciones en los distintos problemas que podamos vivir… Pero lo que es seguro es que incluso en Navidad, si no podemos solos… no te olvides que “Pedir Ayuda No Está Mal”.

 

Texto de Nuria Blanco Piñero

 

¡¡REINVENTEMOS UNAS NUEVAS Y FELICES NAVIDADES!!

Ya está aquí el Puente de Diciembre y con él, el encendido de las luces de todos los pueblos y ciudades del país, del mundo. La puesta de los Belenes y las decoraciones navideñas de todas las casas. Familia que va, familias que vienen. De nuevo, volver a entrar en contacto con todas la emociones personales y familiares. Repasar nuestros logros, aprendizajes y fallos del año. Volver al estrés de las cenas, lo regalos, la ruptura de las rutinas cotidianas (de sueño, dieta y hábitos…) y que nos hacen sentir bien. En fin, no hemos olvidado el tradicional significado de las Navidades.

El año pasado tuvimos que ajustarnos y vivimos las “Fiestas con el Covid”, con teóricas restricciones de aforo, con miedo al contagio (sobre todo de nuestros mayores), muchas videoconferencias, llamadas de teléfono e intentar que los que no podían estar, estuviesen. Intentamos normalizarlo todo, echamos en falta a muchos, quizás a demasiados y quizás ya siempre les echemos de menos.

La pandemia nos paró de golpe la vida, no respetó nada ni a nadie, si quiera a la Navidad. Mensajes en todas partes sobre la importancia de los valores de la familia, la responsabilidad, el amor, la generosidad… Contactos que se acentuaban con la pandemia, pero que igualmente estimulaba la Navidad.

Y este año, llega de nuevo el Puente de Diciembre (porque al final siempre llega) y las calles se atestan de gente. Si observas desde fuera, al margen de las mascarillas (algunas mascarillas), parece que no ha pasado gran cosa…Intentamos volver a la Navidad de siempre… y parece que eso implica, que queremos “olvidar”.

Pero al equipo de eNBlanco no nos gustaría que esto ocurriese. No sólo todo lo que hemos perdido, sino lo que hemos ganado, que en ambos casos no ha sido poco. Queremos recordar el valor de los gestos de vecinos, amigos, conocidos que nos hicieron más fácil la vida, que nos suavizaron la soledad o el miedo propios de la pandemia. Queremos valorar todos los esfuerzos y sacrificios de ancianos, adultos, adolescentes y niños que quieren y han querido hacer más fácil y segura la vida de aquellos a los que quieren.

Ocuparnos de ponernos las mascarillas, de mantener la higiene, de respetar las distancias de seguridad, los confinamientos y todo lo que haga falta para que disfrutemos de las Navidades, de todo lo bueno que nos traen. Y, por supuesto, podamos estar también el año que viene leyendo la infinidad de mensajes bonitos y positivos que estimularán de nuevo, estas fechas.

Pero también queremos recordar a todos aquellos/as que por un motivo u otro pasarán estas fiestas solos, los que sienten que la pandemia o sus consecuencias les incapacitan para disfrutar y entrar en contacto con todas las emociones positivas y entrañables que mueven estas fechas. Si consideras que hay una parte de ti que ha cambiado tanto que ya no se identifica con los mensajes de amor y familia de siempre… quizás ha llegado el momento de buscar la ayuda que nos haga falta para poder reinventarnos la Navidad… y la vida.

Una Navidad y una vida, construida desde el Yo quiero, porque no dudaríamos de que Puedo. Llena de ilusiones y motivos que le den sentido a nuestros días y a cada fecha. Sentida desde la libertad y la plenitud, sin miedo aunque con la prudencia que nos da el ser conscientes. Buscando siempre la compañía de aquellos que queremos, no porque sintamos la necesidad, sino porque simplemente todo es mejor con ellos cerca. Siendo agradecidos por todo lo que la vida nos da y compasivos con nosotros mismos, cuando nos toque que nos quite.

Cada día tenemos la oportunidad de inventar el inicio de una vida que sintamos que tiene sentido y que nos lleva a dar cada día lo mejor de nosotros, un poquito más. Siempre madurando y creciendo, desde la humildad y la conciencia de que, en muchas ocasiones, solos no podremos o sabremos. En esas circunstancias recordar siempre que ¡¡Pedir Ayuda Está Bien!!. Y que, desde nuestro equipo, no sólo queremos desearos unas Muy Felices y Seguras Navidades, sino que si lo consideráis, estaremos aquí para tenderos nuestra mano y ofreceros esa ayuda que podáis necesitar.

 

No quisiéramos terminar este escrito sin mandar un millón de besos al cielo. Por todos los que nos han dejado en este año. Tanto por los que se fueron cuando no les correspondía como por los que, por fin, pudieron descansar. Del mismo modo, que queremos hacerles llegar a sus familiares nuestro abrazo y acompañamiento.

Texto de Nuria Blanco Piñero.

DEL “AHORA ME PONGO” AL “SI HUBIESE …”. LA PROCRASTINACIÓN Y SUS CONSECUENCIAS EN NUESTRA VIDA COTIDIANA.

Esta semana queremos poner la atención sobre un fenómeno “nuevo” que, en la actualidad, afecta a muchas personas. Ya se le ha puesto nombre, uno que, por supuesto, suena fatal. La procrastinación. Es un nombre que suena fatal y eso hace que parezca que es algo chungo y muy complicado… Ya volvimos a poner una etiqueta a una actitud, ya podemos considerar que es algo malo y que se debe tratar… Pues bien,  creo que yo nací procrastinando… por lo visto tuve a mi madre tres días de parto… Y desde entonces, ha sido un no parar de procrastinar…

La primera palabra con sentido que recuerdo haber dicho en mi vida fue un claro “voooooy”. Si, si, con tooooodas esas oes. Fui madurando a nivel lingüístico como correspondía y por tanto, aprendí a decir frases intencionales con dos palabras, que fueron “vooooy ahooooora”. Obviamente esta adquisición se produjo a base de repetir una y mil veces una conversación diádica con “mis mayores”. Estas interacciones fueron del tipo:

Mamá: “Nuria, cuando puedas ven”

Nuria (o sea yo): “Vooooooooy”

Mamá: “¿Cuándo?, ¡te estoy esperando! (porque tengo una madre adorable… no se que pasaría si fuese yo quien tuviese ese papel).

Nuria: “Ahooooora”.

Y es que siempre había algo mucho más interesante que hacer o más confortable…

Después de sobrevivir a las incidencias propias de esta forma de relacionarme con el entorno durante mi infancia, interioricé el discurso y comencé a decirme a mi misma frase tan cotidianas como “en 10 minutos me pongo”, “en cuanto acabe el capítulo”, “me pongo en un momento y si no me da tiempo recorto luego y hago algo menos laborioso” ….

Y es que esta forma de proceder de nombre tan complicado ha existido siempre, aunque la hemos asociado a actitudes relacionadas con la vagancia, la pereza, la irresponsabilidad, la desmotivación, el desinterés, … Se da en todas las edades, aunque quizás la época evolutiva donde genera más conflictos, sobre todo en las relaciones familiares, es la adolescencia. Pero normalmente mejora con el simple paso del tiempo, si no hay otras causas que la motiven y aunque a veces no desaparezca del todo.

A medida que vamos creciendo vamos aprendiendo o debemos aprender a planificarnos y organizarnos, a definir nuestros objetivos y todos aquellos recursos y aptitudes cognitivas que nos permiten dar respuesta a las diversas obligaciones y responsabilidades que componen nuestro día a día. A manejar esas situaciones en las que no podemos conseguir nuestros objetivos de forma adecuada bien porque nos organicemos mal o bien porque no contemplemos en nuestras planificaciones la incidencia de imprevistos… Muchos pueden ser los motivos. No obstante, en la mayoría de las ocasiones, algún “ahora voy” nos complica, pero no impide que podamos cumplir con nuestras pretensiones organizativas.

Normalmente, no supone ningún tipo de problema grave y mucho menos psicopatológico. Sin embargo, siempre suele atentar tanto contra la implicación como contra la calidad de la ejecución que podríamos llegar a realizar. Y sobre todo, lo que es seguro que genera niveles notables de estrés, cuando descubrimos que los 10 minutos que nos regalamos se han convertido en 3 horas.

Es en esos casos, en los que esa tendencia a posponer el enfrentamiento de nuestras responsabilidades nos genera conflictos de relación con nuestro entorno, con la consecución de nuestros objetivos y metas o incluso de proteger áreas de nuestra vida que, realmente son importantes para nosotros. Entonces, la procrastinación si que se convierte en un problema personal y relacional.

No debemos confundirla con síntomas propios de cuadros psicopatológicos. Como por ejemplo, la desmotivación, la apatía, la abulia o incluso con la falta de respuesta ante objetivos o responsabilidades con los que no nos sentimos comprometidos, entre otros. Hemos de tener claro qué, la procrastinación se puede llegar a expresar del mismo modo que las alteraciones citadas anteriormente. Pero que en este caso, el individuo sabe, quiere y le importa lo que tiene que hacer. Pero le cuesta arrancar y/o arrancarse de la situación de donde estoy ahora. Y consecuentemente, suele aparecer posteriormente el estrés, la culpa y la autocrítica.

Y de este modo, las negociaciones con nosotros mismos generan un bucle entre el “uff ahora voy” (repetido número indefinido de veces) y el “que coraje, me han faltado dos horas”. Este discurso de pensamiento suele ir acompañado de diversas manifestaciones de estrés y agobio, que ya si comienzan a suponer una fuente de estrés importante para quienes la padecen. Si no se les presta atención al estrés que puede generar la procrastinación, entonces sí que puede derivar en alteraciones del estado de ánimo, de la funcionalidad e incluso de la autonomía del individuo. Así que, si te sientes identificado/a con estas palabras. Si escuchas demasiadas veces que todo lo dejas para última hora y que al final no cumples como puedes. No te demores en ponerle solución. Y si sólo no puedes, recuerda….¡Pedir Ayuda está Bien!. Y nosotros estamos aquí para echarte una mano… ¡desde ya!.

Y como ya os he comentado que creo que, la no la inventé yo, pero que ya nací procrastinando, os dejo ya. Porque, aunque en el caso de hoy el brasero es un gran aliado de mi mal hábito, ya he usado mis tres “voooooy” de gracia. Y antes de que los «no procrastinadores» de mi familia vengan a por mí, con actitudes hostiles, voy a ponerme en marcha. Feliz Semana.

Texto de Nuria Blanco Piñero.

 

EL POR QUÉ Y EL CÓMO DE ESOS NERVIOS QUE NOS DIFICULTAN LA VIDA

Hay muchos momentos en la vida en los que las circunstancias pueden llegar a sobrepasarnos. Habitualmente, todos tenemos muchos frentes abiertos. Dificultades o incluso problemas familiares, de salud, personales, espirituales, laborales, económicos, sociales, etc… pueden coexistir en cada uno de nosotros. Y hay veces que el frágil equilibrio que solemos poder mantener se rompe. Independientemente de las causas que lo generen, de quien sea la culpa o si hay algún tipo de problema más importante o significativo que otros. La realidad es que, ante estas situaciones, podemos llegar a sentirnos desbordados, desorientados y agotados.

En estas situaciones podemos llegar a sentirnos incapaces para enfrentar todas nuestras responsabilidades y obligaciones. En los casos más severos podemos, incluso, llegar a perder el sentido y/o los motivos por los que seguir “luchando”. A muy grosso modo, esta vivencia es muy características de las alteraciones de los estados de ánimo y/o ansiedad. Los famosos “nervios”, como los denomina muchísima gente, de forma coloquial.

Cada uno de nosotros entendemos ese termino de un modo distinto. Algunos lo asociamos con un aumento del nerviosismo o la inquietud que nos dificulta concentrarnos o disfrutar de momentos de serenidad. Otros con una inestabilidad del estado de ánimo que en ocasiones nos predispone a estar más tristes y/o irritables y por tanto a tener conflictos con quienes nos relacionamos. Quizás sea la angustia o el miedo, las emociones que sintamos que marcan nuestros días y por tanto condicionan nuestra forma de enfrentar el día a día.

Al final, cada uno de nosotros presentamos vulnerabilidades particulares ante estas crisis vitales. Expresamos el sufrimiento que nos genera de un modo individual y, por supuesto las denominamos de modo distinto. Algunos podemos tender a escondernos y evitar enfrentar cualquier situación. Otros podrán sobreexigirse y seguir queriendo continuar “como si nada”. Expresar tristeza, cansancio, apatía, desmotivación, irritabilidad, pérdida de dirección en nuestra vida, etc… pueden ser formas de expresar lo que sentimos.

Lo que caracteriza todas estas situaciones es la sensación de que perdemos el sentido de nuestros días y de nuestros esfuerzos, como se dice de forma coloquial, “perdemos el norte”. Esta sensación nos lleva a ir por la vida “como pollo sin cabeza”, puesto que perdemos la objetividad, la capacidad para ser efectivos y para priorizar nuestras metas, para proporcionar nuestros esfuerzos y ser consecuentes con nuestras actuaciones. Estas carencias suelen ir acompañados de vivencias de frustración, angustia o agotamiento entre otras.

Habitualmente, la mejor forma de enfrentar este tipo de situaciones es pararse, es dejar de hacer cosas, descansar y no pensar… coger oxígeno durante unos días. Después habría que volver a redefinir los objetivos que pretendemos conseguir y la dirección que queremos darle a nuestras vidas en cada una de las áreas que son importantes para nosotros. Y con esta información diseñar el modo en el que debemos volver a retomar nuestra vida.

Habilidades como aprender a valorar nuestros éxitos, a definir adecuadamente nuestros fracasos, no dejarnos llevar por nuestras expectativas ni hacer juicios sobre las intenciones o actitudes de quienes nos rodean, nos ayudarían a sentirnos menos vulnerables ante las situaciones que se dan en nuestro día a día.

Sin embargo, este tipo de redefiniciones y ajustes que es importante que hagamos de cara a sobreponernos a “los nervios”, no son tan fáciles como puede parecer. En la mayoría de estas ocasiones, todas nuestras vivencias están más determinadas por el agotamiento emocional que padecemos que por la dureza de la realidad objetiva que enfrentamos. Por lo que, si no nos sentimos capaces de enfrentarlo solos, no debemos dejarnos ir y no debemos olvidar que PEDIR AYUDA ESTÁ BIEN. Y nosotros estamos aquí para cuando nos necesites.

 

Texto de Nuria Blanco Piñero.

EL JUICIO QUE TODO LO ESTROPEA. ¡¡LA CULPA NO TRAE NADA BUENO!!

Cuando vivimos etapas o situaciones que no salen como queremos, impliquen a otras personas o no, son muchas las formas de enfrentarlas. Normalmente, el modo en que lo hacemos tiende a ser aprendido. Aunque puede instalarse en nuestra forma de ser de manera tan profunda que parezca que no sabemos pensar de otro modo. Cuando tenemos que decir que no, si nos equivocamos, cada vez que alguien nos dice que le hemos hecho daño o decepcionado, cuando perdemos algo que nos importaba por nuestra actuación… En todas esas situaciones, el modo en que lo enfrentamos decantará como lo vivamos y como vayamos conformando nuestra identidad y autoestima.

Si queremos diferenciar entre ser consecuentes y sentirnos culpables, debemos analizar los juicios que hacemos sobre nuestra participación en la evolución de los acontecimientos y sus circunstancias. En el primer caso, enfrentaremos el  fracaso, el dolor o la frustración desde la responsabilidad y la toma de conciencia de que necesitamos aprender nuevos recursos en este tipo de situaciones. Entonces, estas vivencias serán fuente de maduración y aprendizaje, aunque duelan o incluso conlleven pérdidas.

Sin embargo, también podemos enfrentarlos desde el miedo o desde la conciencia de que no hemos sido suficientes, somos malos o merecedores de algún tipo de castigo, es decir desde la culpa. En esta situación será la angustia, la tristeza, la baja autoestima y la creciente sensación de que no somos capaces para enfrentar la vida solos/as, e irán destruyendo la confianza en nosotros mismos poco a poco.

Es importante intentar evolucionar de la culpa hacía el aprendizaje y afrontamiento de las consecuencias de forma constructiva y madurativa. Intentar definir las características objetivas de las circunstancias, lo que salió bien y mal y como se podrían hacer las cosas de otro modo… Intentar no juzgar a los demás, pero tampoco a nosotros mismos y mucho menos presuponer o adivinar lo que piensan de nosotros, por comportarnos como lo hacemos. De este modo, las inevitables equivocaciones y errores que podemos cometer, todo aquello que pueda salir mal en nuestra vida, tiene un aprendizaje que ofrecernos. Y si lo vivimos desde el miedo, la falta de competencia o la expectativa de un perjuicio o potencial castigo, no conseguiremos adquirirlo y sólo seguiremos empequeñeciendo.

La confianza en nosotros mismos, el saber qué, habitualmente tendemos a hacer las cosas sin mala intención y lo mejor que sabemos, deben ser nuestro punto de partida. A partir de ahí, debemos tener la certeza de que todos nos equivocamos y equivocaremos muchas veces, porque aún nos quedan muchísimas cosas por aprender (desde como decir que no, hasta como posicionarnos en las distintas relaciones que mantenemos, hasta como disculparnos cuando nos equivocamos…).

Así que debemos poder elegir entre seguir viviendo con sensación de culpabilidad o seguir madurando a cada paso y por supuesto a cada error. Todo depende desde donde interpretemos nuestras vivencias, que conclusiones obtengamos de nuestra responsabilidad y de que recursos podemos adquirir con dichas vivencias. Al dejar que las emociones negativas que se derivan del potencial fracaso y del juicio de culpabilidad guíen nuestro criterio, nos iremos haciendo más pequeñitos ante el mundo y vulnerables, ante todo.

Si no sabes cómo salir de ahí. Cuando eres consciente de que este problema te bloquea y resta eficacia a la hora de resolver problemas. Si consideras que eres tan poco válida/o que lo más probable es que metas la pata. En todos esos escenarios, nos digan lo que nos digan, podemos ponerle solución. Porque recuerda que, ¡¡pedir ayuda está bien!! .

 

Texto de Nuria Blanco Piñero

CUANDO EL CUERPO DICE: «HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO»…

    En la actualidad, parece muy extendido que todo lo que no somos capaces de afrontar y expresar, nuestro cuerpo acabará sufriéndolo. Y es cierto. A veces será a través de simples molestias difusas y sin causa aparente. Pero en ocasiones pueden llegar a producirse enfermedades más o menos severas, en función de las vulnerabilidades que se puedan padecer de forma previa. Y estas dolencias, sin duda afectan a las vidas cotidianas de quienes las padecen.

     Es claro que, cuando para dar respuesta a todas las demandas o necesidades que se dan en nuestra vida cotidiana, sometemos a nuestro cuerpo a una intensidad de respuesta excesiva, éste enferma. Podemos pensar que el famoso estrés sólo hace alusión a tener demasiadas cosas que hacer o a ir demasiado acelerados por la vida. Pero no es así, vivir continuamente con miedo, enfado o excesivamente tristes también debe ser considerado como una fuente de inestabilidad y por tanto de sufrimiento para el cuerpo.

     También es sabido que cabeza y cuerpo están totalmente interrelacionados y que es igual de importante el cuidado de lo físico como de lo mental. Como venimos afirmando, el hecho de no afrontar el estrés o las emociones que nos dañan adecuadamente hará que nuestro cuerpo también sufra. Y este problema no es exclusivo de los adultos. Es frecuente encontrarlo también en niños y adolescentes. Y según el impacto que tenga en sus vidas, también puede afectar tanto a su concepción de si mism@s como a su forma de relacionarse con el mundo y los demás.

       El hecho de sentirnos enfermos o enfermizos, condiciona la actitud con la que enfrentamos nuestro día a día. Y si encima vivimos la incomprensión que se deriva de la falta de un diagnóstico, esta merma de la confianza personal aumenta. Desde fuera, puede resultar sencillo atribuir a causas emocionales las molestias físicas que son difíciles de filiar. Y podemos caer en el error de simplificar el por qué del sufrimiento físico de una persona.

         Pero para quien las padece, ni esa conciencia es tan sencilla de adquirir, ni les resuelve el malestar. Incluso puede llegar a agravarlo y fomentar el aislamiento o la aparición de síntomas psicológicos que no se padecían. Y lo que si parece es evidente es, que si no se resuelven, las alteraciones físicas seguirán apareciendo cada vez que el sujeto se desestabilice emocionalmente o enfrente un período de mayor estrés.

      Por tanto, consideramos que ante todas aquellas dolencias físicas que no son atribuibles a causa orgánica, debiéramos valorar el posible impacto de inestabilidades emocionales y/o psicológicas que pudiesen estar provocándolas y manteniéndolas. Esta consideración es igual de importante que el descarte de los cuadros o alteraciones médicas que puedan estar precipitando y/o manteniendo cuadros emocionales.

      En sentido contrario, cuando padecemos enfermedades físicas con etiologías orgánicas claras, su evolución también se verán afectadas por los aspectos emocionales que nos suscitan tanto sus síntomas como las limitaciones que puedan imponer. Dichas vivencias pueden suscitar el empeoramiento de síntomas vinculados al dolor, a la movilidad, a las alteraciones digestivas o respiratorias, propios de dichas patologías, entre otras. En este escenario, serán estos procesos más vinculados a lo emocional y al estrés, los que puedan afectar a la vivencia de enfermedad de quienes lo padecen.

       Por tanto, ser conscientes de la interrelación entre los aspectos más emocionales, el estrés y las respuestas de nuestro cuerpo es fundamental de cara a proteger el bienestar integral de la persona. Ya sea cuando físicamente se está sano o enfermo. Consecuentemente, ser consciente de que estamos enfrentando situaciones que nos desbordan es un paso fundamental para evitar potenciales sufrimientos físicos innecesarios.

       Así que, igual que el cuidado dl malestar físicos es algo que nos sale naturalmente. Del mismo modo debemos aprender a prestarle atención a nuestros padecimientos emocionales y a aprender a manejar el estrés. Porque si el cuerpo duele pero no hay causa orgánica que lo explique, es porque no estamos escuchando a nuestra cabeza. Pero existiendo una etiología médica que justifique el sufrimiento corporal, no debemos ignorar el papel de nuestras emociones en el modo en que lo enfrentamos.

     Así pues, tengamos siempre en mente que Pedir Ayuda Está Bien. Y por tanto, aprender a enfrentar nuestro malestar físico del mejor modo posible, siempre será en nuestro beneficio y… ¡¡¡ahí podemos ayudarte!!!.

Texto de Nuria Blanco Piñero