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EL POR QUÉ Y EL CÓMO DE ESOS NERVIOS QUE NOS DIFICULTAN LA VIDA

Hay muchos momentos en la vida en los que las circunstancias pueden llegar a sobrepasarnos. Habitualmente, todos tenemos muchos frentes abiertos. Dificultades o incluso problemas familiares, de salud, personales, espirituales, laborales, económicos, sociales, etc… pueden coexistir en cada uno de nosotros. Y hay veces que el frágil equilibrio que solemos poder mantener se rompe. Independientemente de las causas que lo generen, de quien sea la culpa o si hay algún tipo de problema más importante o significativo que otros. La realidad es que, ante estas situaciones, podemos llegar a sentirnos desbordados, desorientados y agotados.

En estas situaciones podemos llegar a sentirnos incapaces para enfrentar todas nuestras responsabilidades y obligaciones. En los casos más severos podemos, incluso, llegar a perder el sentido y/o los motivos por los que seguir “luchando”. A muy grosso modo, esta vivencia es muy características de las alteraciones de los estados de ánimo y/o ansiedad. Los famosos “nervios”, como los denomina muchísima gente, de forma coloquial.

Cada uno de nosotros entendemos ese termino de un modo distinto. Algunos lo asociamos con un aumento del nerviosismo o la inquietud que nos dificulta concentrarnos o disfrutar de momentos de serenidad. Otros con una inestabilidad del estado de ánimo que en ocasiones nos predispone a estar más tristes y/o irritables y por tanto a tener conflictos con quienes nos relacionamos. Quizás sea la angustia o el miedo, las emociones que sintamos que marcan nuestros días y por tanto condicionan nuestra forma de enfrentar el día a día.

Al final, cada uno de nosotros presentamos vulnerabilidades particulares ante estas crisis vitales. Expresamos el sufrimiento que nos genera de un modo individual y, por supuesto las denominamos de modo distinto. Algunos podemos tender a escondernos y evitar enfrentar cualquier situación. Otros podrán sobreexigirse y seguir queriendo continuar “como si nada”. Expresar tristeza, cansancio, apatía, desmotivación, irritabilidad, pérdida de dirección en nuestra vida, etc… pueden ser formas de expresar lo que sentimos.

Lo que caracteriza todas estas situaciones es la sensación de que perdemos el sentido de nuestros días y de nuestros esfuerzos, como se dice de forma coloquial, “perdemos el norte”. Esta sensación nos lleva a ir por la vida “como pollo sin cabeza”, puesto que perdemos la objetividad, la capacidad para ser efectivos y para priorizar nuestras metas, para proporcionar nuestros esfuerzos y ser consecuentes con nuestras actuaciones. Estas carencias suelen ir acompañados de vivencias de frustración, angustia o agotamiento entre otras.

Habitualmente, la mejor forma de enfrentar este tipo de situaciones es pararse, es dejar de hacer cosas, descansar y no pensar… coger oxígeno durante unos días. Después habría que volver a redefinir los objetivos que pretendemos conseguir y la dirección que queremos darle a nuestras vidas en cada una de las áreas que son importantes para nosotros. Y con esta información diseñar el modo en el que debemos volver a retomar nuestra vida.

Habilidades como aprender a valorar nuestros éxitos, a definir adecuadamente nuestros fracasos, no dejarnos llevar por nuestras expectativas ni hacer juicios sobre las intenciones o actitudes de quienes nos rodean, nos ayudarían a sentirnos menos vulnerables ante las situaciones que se dan en nuestro día a día.

Sin embargo, este tipo de redefiniciones y ajustes que es importante que hagamos de cara a sobreponernos a “los nervios”, no son tan fáciles como puede parecer. En la mayoría de estas ocasiones, todas nuestras vivencias están más determinadas por el agotamiento emocional que padecemos que por la dureza de la realidad objetiva que enfrentamos. Por lo que, si no nos sentimos capaces de enfrentarlo solos, no debemos dejarnos ir y no debemos olvidar que PEDIR AYUDA ESTÁ BIEN. Y nosotros estamos aquí para cuando nos necesites.

 

Texto de Nuria Blanco Piñero.

2 Comments

  1. Carmen on

    Algo que he aprendido es que en los momentos en los que la ansiedad te bloquea puede ser útil aplicarse a uno mismo técnicas de relajación. Estas técnicas te permiten calmarte y centrarte en tu respiración, mejorando así la gestión emocional.

  2. Julia Muñoz Navarro on

    Me siento muy identificada con esto texto. En muchas ocasiones me ha sucedido que ante determinadas circunstancias estresantes, he tendido a ocultar mis emociones, lo que me ha provocado una sensación de nerviosismo constante ante diferentes situaciones. El hecho de no generar un espacio en el que parar y pensar, suele generar que no se desarrolle una adecuada gestión emocional. Gracias por recordar, que pedir ayuda por cosas que vivimos todos en muchas ocasiones, esta bien.

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