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¡FELIZ AÑO NUEVO!, ¡YA LLEGÓ SEPTIEMBRE!. ¡APOSTAMOS POR EL BIENESTAR DE LOS CHICOS/AS!

Septiembre suele implicar la vuelta a las rutinas, a los horarios, a la “normalidad”. Es un mes lleno de cambios, que genera mucho estrés, pero que también implica nuevas ilusiones. Seguir avanzando, crecer… Es volver a empezar, nuevas expectativas, retos y oportunidades tras las vacaciones de verano.

Al plantearnos la vuelta al curso, son muchas las dudas y preocupaciones que suelen enfrentar a los padres (horarios, objetivos, materiales, organización…). Pero cada vez es más frecuente que nos expresen sus inquietudes sobre las capacidades y competencias madurativas de sus hijos para adaptarse social y académicamente al entorno escolar: “¿Cómo comenzarán nuestros hijos/as el curso escolar?, ¿Conseguirán adaptarse?, ¿Tendrán amigos/as?, ¿Serán capaces de establecer relaciones sanas?”. 

Y es que no sólo la educación formal se vuelve una tarea a superar para los chicos/as, sino que la socialización y la adaptación en si mismas, son objetivos prioritarios en todas las etapas escolares. Nuestras primeras experiencias sociales van a marcar un camino acerca de cómo nos veremos a nosotros mismos y al mundo en un futuro. Pero tampoco podemos olvidar la importancia que las relaciones con los iguales tienen durante la adolescencia, para el desarrollo de la identidad y la autoestima. Por lo que contar con unas habilidades sociales adecuadas y disponer de los recursos emocionales necesarios para relacionarnos con los demás garantizarán el éxito madurativo a lo largo de la vida y el bienestar de los chicos/as. Puesto que les aportará seguridad a la hora de desenvolverse en su vida vida social, así como en su posterior funcionamiento psicológico, académico, laboral…

Por todo esto, después del parón forzado que ha supuesto la pandemia, lanzamos una nueva edición de nuestros talleres de habilidades sociales, dirigido a todos los chicos y chicas que deseen mejorar su capacidad de relacionarse. En ellos, trabajaremos la inteligencia emocional, la gestión del ocio y los conflictos sociales, estimularemos el desarrollo de los recursos y competencias personales, etc… siempre con el fin de facilitar que los chicos/as se adapten y disfruten de los distintos espacios en los que se desarrolla su vida.

Estamos volviendo a abrir distintos grupos en función de la edad y las características particulares de los chicos, para garantizar un ambiente de trabajo distendido y lúdico, sin perder nuestro rigor técnico. Sabemos que, cuando nos lo pasamos bien, aprendemos más… No obstante, mantendremos el formato de grupo reducido para potenciar la seguridad frente a la COVID 19, pero sin perder la eficacia y rentabilidad de la intervención.

Nuestras psicólogas han preparado una programación muy interesante y motivante que les va a permitir abordar todos los objetivos concretos de cada grupo, potenciando un ambiente de trabajo estimulante, constructivo y divertido.

No dudéis en contactar con nosotros para cualquier duda o información que os pueda interesar. Os atenderemos en: hhss@centroenblanco.es.

 

¡¡SOBREVIVE AL BACHILLERATO!!. PROGRAMA DE MENTORÍA PSICOLÓGICA.

Chicos y chicas con notas medias notorias que no pueden entrar en las carreras que querían. Estudiantes que tienen que deslomarse por obtener unas medias altas, aunque no sepan que quieren estudiar. Chicos y chicas con la sensación de que sus Institutos o Colegios no son tan competitivos como otros… ¡¡Qué locura!!.

Esta es la situación que nos vienen trasladando nuestros chicos y chicas de Bachillerato. Quejas en relación con la capacidad que perciben tener o no para ir al ritmo de los cursos. Niveles de desorientación sobre el futuro y hacía dónde dirigir sus esfuerzos. Y al final de todo ese esfuerzo, demasiados “¿y para qué?”, porque no fue suficiente y no consiguieron su objetivo. Chicos y chicas que han tenido que conformarse con lo que “hayan entrado” (y no con lo que querían) o plantearse “perder un año y subir nota”.

Presión, desorientación, inmadurez, incapacidad…. ¡¡Qué espejos más difíciles enfrentan nuestros adolescentes durante el Bachillerato!!. Y esto es independiente del nivel de competencia o logro que pudiesen tener previamente.

Y si bien, muchos de ellos con esfuerzo y sacrificio consiguen sobreponerse, otros muchos padecen un nivel de sufrimiento significativo añadido a las inestabilidades e inmadureces propias de la adolescencia. Por lo que, en los últimos años estamos observando en los centros sanitarios especializados, un aumento progresivo y significativo de cuadros de ansiedad, baja autoestima y falta de eficacia en la consecución de resultados académicos, a pesar de los esfuerzos. Y aunque en algunas ocasiones, sea por falta de compromiso, en otras muchas es por falta de madurez y/o capacidad objetiva para responder adecuadamente a la exigencia y ritmo de estos cursos.

Hasta el momento desde nuestro equipo, hemos venido abordando estas dificultades una vez que los chicos/as pedían ayuda profesional. Por este motivo, hemos sistematizado el trabajo realizado, para poder ofrecer a los estudiantes de Bachillerato un programa de Apoyo Psicológico o Mentoría con fines preventivos, de cara a enfrentar estos años tan trascendentes, preservando su estabilidad emocional y potenciando su rendimiento.

El programa que hemos desarrollado aborda tres áreas fundamentales:

ESTRUCTURA DEL PROGRAMA DE MENTORIA PARA EL BACHILLERATO

 

La mentoría no son clases particulares, tampoco un curso de técnicas de estudio. Implica un acompañamiento y supervisión estable de los chicos/as y un abordaje integral de todas las áreas que pueden afectar al enfrentamiento exitoso del Bachillerato. La programación prevista implicaría 1 sesión quincenal, de 1 hora y media en formato grupal (en grupo pequeño, por las circunstancias sanitarias que enfrentamos). Sin embargo, esta previsión está sujeta a las características particulares de cada grupo establecido.

Recordamos que la finalidad de este programa es potenciar los recursos personales de los chicos/as, guiarles a lo largo de los cursos y evitar, de este modo, la aparición de un nivel de sufrimiento en los chicos que pueda afectar a su rendimiento. No obstante, en aquellos casos que nuestros profesionales detectasen alguna dificultad personal o académica concreta, se podrá plantear la posibilidad de una intervención individualizada y/o en colaboración con los centros académicos que se presten.

En la actualidad tenemos abiertos los grupos de 1º y 2º de Bachillerato. El 7 de Septiembre iniciamos el proceso de entrevista para las nuevas incorporaciones, que nos permitan generar grupos homogéneos de trabajo. Los grupos iniciarán sus sesiones, en la semana del 20 de Septiembre. La responsable de este programa es la Dra. Ángela Rosales Becerra, para más información y reserva de plaza contacte con nosotros en: arosales@centroenblanco.es

…. Y POCO A POCO VAMOS VOLVIENDO A LA NORMALIDAD….

Como ya sabemos, el COVID 19 ha venido para quedarse y hemos de aprender a convivir con él. Por eso, no vamos a volver a hablar de lo difícil que está siendo todo lo que estamos viviendo. Pero el estado de alarma se acaba y esto lo vivimos como el punto de partida hacía nuestra nueva normalidad, ahora ya si…

Por eso, desde el Centro eNBlanco, volvemos a pensar en retomar todas nuestras actividades, siempre siguiendo las medidas de seguridad que ya conocemos y que nos llevan a cuidar de todos los nuestros.

Sabiendo que el final del periodo escolar es tradicionalmente, una época de estrés para los padres por la logística doméstica, nuestro equipo ha decidido volver a poner en marcha nuestro Taller de Habilidades Sociales a través de la Magia. Una de las actividades donde hemos visto disfrutar más a “nuestros/as chicos/as”.

Ya en las Navidades anteriores a la pandemia, vivimos como chicos tímidos, con diversas dificultades para relacionarse y que no se conocían previamente, encontraban a través de la magia un camino para comunicarse entre ellos y con el mundo. El ambiente del grupo, las risas, la ilusión de los chicos/as y por supuesto de los profesionales, son los responsables de que no hayamos dudado en volver a ponerlo en marcha. Porque tenemos claro que con un poco de magia volveremos a ilusionar a nuestro mundo.

Contamos con la colaboración de Magic Peter que será el responsable de entrenar a los chicos/as en las habilidades mágicas y siempre acompañados de nuestros psicólogos terapeutas especialistas en habilidades sociales.

Será una actividad divertida en la que los chicos, desde el primer día irán adquiriendo recursos sociales y orientados hacía la mejora de su autoestima y habilidades de autocontrol emocional.

Lo haremos en formatos de grupos pequeños (no más de 4 chicos/as por grupo), para mantener las medidas de seguridad. Sin embargo y cómo suele ser nuestra forma de funcionar, intentaremos no dejar a ninguno de nuestros/as chicos/as sin su plaza, por lo que podríamos plantear otras fechas e incluso horarios…  ¡¡no dudéis en pedir información y reservar tu plaza!!.

Ellas También Son Madres

Hoy 2 de Mayo, Día de la Madre, queremos empezar este escrito mandándoles un beso enorme a las nuestras. Es evidente que habéis hecho un trabajo increíble, sólo hay que ver el equipazo que formamos cada una/o de las/os que pertenecemos a eNBlanco.

 

Lógicamente, también queremos felicitar a todas las madres del mundo por la entrega e incondicionalidad de vuestra labor. Por todos los miedos que superan gracias al amor que sentís por vuestros/as hijos/as. Y por todos los sueños (propios o depositados en ellos/as) a los que han aprendido a renunciar desde la generosidad y la entrega que conlleva la maternidad. Sabemos que la fortaleza de los sentimientos y de las actitudes que implican este instinto os puede llevar a mover montañas, anteponiendo a vuestros hijos/as a vosotras mismas. Y por eso os felicitamos en este día.

 

Pero en este escrito, no queremos ni vamos a olvidarnos de todas las madres que lo viven de otra manera, mucho menos gratificantes. Solemos acompañar a familias que han perdido de forma precoz a sus hijos, a madres que gestaron a sus hijos pero que nunca pudieron abrazarles y aquellas que por más que lo lucharon nunca pudieron si quiera lograr el embarazo. Son tres vivencias completamente diferentes, pero igualmente devastadoras para estas mujeres, que también son madres.

 

Lo peor es que muchas de ellas “deben seguir adelante” y sus vivencias son difíciles de entender. Desde el equipo del Centro eNBlanco queremos tener unas palabras de ánimo y dedicarles nuestro apoyo y cariño a todas y cada una de ellas. Pensando en aquellas que hemos podido acompañar como profesionales, pero también en todas las que han tenido que enfrentar estas vivencias, muchas veces solas y en silencio.

 

Las familias que perdieron de forma precoz a sus hijos, por enfermedades y/o accidentes, enfrentan un dolor difícil de manejar. Es frecuente que se pueda escuchar “que ningún padre/madre debería sobrevivir a un hijo”, “es algo antinatural”. Y aunque la vivencia es devastadora y no hay consuelo para este dolor, suelen vivirlo más acompañados. Buscando, siempre, intentar aprender a vivir con el vacío que dejan y el dolor. Y esto sólo se lo facilitará el amor por su hijo/a y el tiempo.

 

Finalmente, y aunque hoy en día, parece que se le está dando algo más de visibilidad. Están esas otras madres que pierden a sus bebés durante el embarazo o que a pesar de la dureza de los tratamientos de fertilidad nunca consiguen lograr la concepción. Son estas mujeres a las que queremos dedicarles este espacio. Porque ellas son madres, aunque sus hijos nunca llegaron para estar con ellas. Y en la mayoría de las ocasiones, sienten que no se les entiende y han de vivir este dolor solas.

 

Son mujeres que, en muchas ocasiones han tenido que luchar contra enfermedades que atentaron contra su capacidad para la maternidad. Mujeres cuyas condiciones personales, económicas, familiares… les obligan a no poder enfrentarla hasta que es demasiado tarde. Madres cuyos embarazos se malogran sin un por qué. Madres que viven entre pinchazos, hormonas, mediciones y que al final… Tantas y tantas madres. Madres que por más que lo deseen y lo hayan deseado nunca abrazarán a sus hijos/as. Pero igualmente madres.

 

No queremos emplear este espacio en evidenciar la dureza psicológica y el dolor personal que implica el afrontamiento de todos estos procesos. Pero si queremos recordar a todos/as aquellos que tienen a algunas de estas madres cerca, para que entiendan y acompañen en este dolor y sufrimiento. Recuerden que también tienen que aprender a vivir sin esos hijos/as que nunca llegaron. Que lo harán, igual que las anteriores, desde el amor y con el tiempo. Pero que necesitan compañía, cariño y empatía.

 

Porque igual que hoy en día se lucha para que se entienda y respete a aquellas mujeres que no quieren ser madre, tengan el derecho de decidir y no serlo sin que se les cuestione. Debemos entender el dolor de aquellas que siempre desearon serlo, que lucharon por conseguirlo y por diversos motivos, no han podido. Que viven un doble duelo. Por los hijos que perdieron o no pudieron conocer. Y por las maternidades que nunca desarrollarán.

Sabemos que lograrán volver a encontrarle un sentido a sus vidas. Hemos sido testigos, cómo el amor hace posible que, aunque nunca olviden, puedan redefinirse cómo personas y construir unas vidas, distintas pero igualmente satisfactorias.

 

Por eso, insistimos en nuestro reconocimiento a todas las madres que hemos acompañado en sus procesos de duelo, aceptación y redefinición personal. Y recordarle a aquellas que están enfrentando estas vivencias que no están solas, que deben comunicarse, si no se sienten acompañadas y coger las manos que se le tienden en los casos que la desorientación no les permita ver el camino a seguir. Mucho ánimo y todo el apoyo de nuestro equipo a las madres que, quizás hoy, no pueden celebrar este día. Mañana, seguro que será más fácil y tendrá más sentido. Lo sabemos porque es el amor que sientes por ese hijo/a que no llegó o que se fue demasiado pronto, el que te ayudará a levantarte y guiará tus pasos. Confía en él.

La Magia Existe.

     Claramente, la magia y los momentos especiales existen… pero los dragones también.

Dentro de cada uno de nosotros está la capacidad de crear, de expresar, de sentir… pero también la desorientación, el miedo, la oscuridad. Cada día luchamos con unos y con otros. Nunca se puede esperar que siempre ganen nuestras fortalezas ni que siempre disfrutaremos de todo lo bello y bonito que llevamos dentro y que compartimos con el mundo.

De hecho, vivimos tan rápido… paramos tan poco a tomar conciencia de todo lo que tenemos que parece que siempre ganan los dragones y en su defecto no disfrutamos de la magia que tenemos y que somos capaces de crear.

Hoy iba a ser un día más de carreras y muchos “tengo que”, después de una semana cargada de momentos raros… mágicos en verdad (aunque esto lo he concluido después). Pero de pronto y no se muy bien por qué, quizás por eso de los momentos especiales, he parado. Y al hacerlo, no había silencio sino música. La música que ha creado un hombre y que compartía con toda una orquesta… magia, ¡¡¡claramente!!!.

Más de una hora con el cerebro lejos de lo que es el día a día, de las prisas y con los dragones muy muy lejos de mí. Sintiendo como la capacidad de crear de un hombre ha contactado con la esencia de cada uno de los que estábamos allí, con nuestra forma de sentir, de soñar. La mayoría de nosotros no tenemos la capacidad de crear música como ellos, o de pintar o de escribir. Pero todos tenemos nuestra habilidad, para aportar y construir, no lo dudéis.

Puede ser que no sepamos cual es nuestro don, en muchas ocasiones porque no nos paramos a buscarlo, simplemente tendemos a responder a lo que se nos exige en nuestro día a día. Puede ser que no sea nada tan “deslumbrante” como lo que he tenido la suerte de disfrutar hoy. Pero lo que si podemos afirmar claramente es que no son menos necesarios para nosotros y para otros muchos que, en ocasiones, podemos llegar a no saber siquiera, quienes son. Igual que hoy, en ese concierto, los músicos no sabían quienes estábamos allí, pero nos han llevado muy lejos de todo y allí sólo se sentía.

Y en ese estado me he dado cuenta de que, a pesar de los dragones, la desorientación o el miedo… la vida puede ser mágica y está llena de personas que nos ayudan a luchar con los primeros y que están dispuestas a “reliarse” con nosotros para crear esa realidad luminosa y con sentido. A veces, las personas menos esperadas. Otras, son personas que ni siquiera son conscientes de sus dones o que nunca te hubieses planteado que quisieran compartir tu mundo. Y esos son los momentos donde no sabes por qué, ni cómo, ni quién… pero todo tiene un sentido, un camino y un recorrido.

Porque la magia existe, por mucho que luchemos con los dragones a diario. Y quizás, lo único que debemos intentar es equilibrar donde ponemos el ojo. Así que construyamos, creemos, soñemos, sintamos… y que al pararnos no haya silencio, sino música… aunque no la creemos nosotros, porque la vida siempre pone en nuestra vida quien quiere compartir con nosotros sus propias composiciones, aceptémosles.

 

El Mero, la Anguila y el Sábado por la Tarde.

«¡¡Cómo son las casualidades de la vida!!«, que dirían algunas amigas mías y que a mí siempre me recuerdan a mi abuela o a cualquiera de esa generación (creo que a partir de esta frase, necesitaré ampliar mi red social, por cuestiones obvias). Pero os explico por que empiezo así esta entrada.

El Sábado por la tarde, andaba yo liada con mis quehaceres atrasados y me dio por ponerme un documental de fondo. Trataba sobre el fondo marino israelí, que siempre es un tema de charla ligera muy interesante, para cuando se pueda volver a salir a socializar. El caso es que en él explicaban como el mero, que siempre me pareció un pez muy amable (no se muy bien por qué…), en verdad es un macarra. Ha desarrollado la capacidad de apoyarse en las águilas para cazar en modo pandilleros chungos a los incautos pececillos que se meten en los arrecifes. Las anguilas nunca me cayeron tan bien como los meros (tampoco se por qué)… pero cuando se alían, son tremendamente efectivos y letales, sobre todo desde la perspectiva de quienes se convertirán en el menú. Las cosas de la supervivencia y la evolución de las especies.

Pues bien, esta información estuvo bailando en mi cabeza durante toda la tarde… (y si el trabajo que tenía que hacer no avanzó lo que me hubiese gustado). Pero es que tuve que superar algunas frustraciones, por ejemplo, ¡¡los meros no son amables!!. Confirmé expectativas: las anguilas son… «colegas de los meros macarras». Y luego pensé: «¿Cómo se entenderán estas dos especies?» y… «¿cómo habrán hecho, evolutivamente hablando, para que ambas sean que se pueden fiar de los otros?»…

En fin, que pensareis ya a estas alturas que estoy sensiblemente peor de lo mío… y puede ser… pero tiene su sentido. Ahora viene la parte de la casualidad… y nos trasladamos al mundo humano.

Esta semana participamos en las Jornadas Smart City invitadas por la Escuela Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones. Para nosotr@s era una situación muy extraña, nos resultaba una asociación peculiar: ingenieros y psicólogos. Sin identificar quién es quién, desde el Sábado… meros y anguilas.

Pensamos mucho cómo trasladar la información que se nos pedía a un escenario tan técnico y científico como es el de los ingenieros… ¿cómo se entienden los meros con las anguilas?. ¿En qué punto, pueden beneficiarse ambos mundos?.

Pues al final, pudimos encontrar la respuesta… ¡¡¡el objetivo común!!!.

Ingenieros, psicólogos, tod@s n general, queremos mejorar el bienestar, la salud, la calidad de vida, la eficiencia de los recursos, etc… ¡¡¡por el bien de tod@s!!!!. Y aunque cada uno desde nuestra parcela podemos hacer mucho, juntos abarcamos mucho más y sobre todo rentabilizamos nuestras potencialidades, maximizamos los beneficios que aportamos…

Así que el Jueves, salí de la Escuela Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones pensando cuánto podemos aprender los psicólogos de sus procedimientos (no se si ellos concluyeron algo sobre los nuestros).  Y el Sábado, después del documental, me dio por concluir… ¿y si aplicásemos la filosofía del mero y la anguila a todas las áreas de la vida humana?. ¿Por qué no probamos a escuchar e intentar aprender o colaborar con aquellos que aparentemente no tienen nada que ver con nosotros?. Si tuviésemos claro que, al final, todos los que perseguimos objetivos parecidos, somos más efectivos coordinados, facilitaríamos que todos pudiésemos sumar. Sin importar lo extraño de las asociaciones, lo importante es lo que queremos conseguir.

Así que, al final y adaptando la frase de esas amigas que yo tenía al principio de esta entrada…«qué bonito lo que he aprendido del macarra del mero y la espabilá de la anguila». 

Pero de nada serviría todo este rollo, si no lo llevásemos a la práctica. Así que desde nuestro Centro, queremos ofrecer nuestra mesa y/o colaboración a todo los que quieran que definamos objetivos conjuntos y busquemos o creemos los recursos que nos lleven a conseguirlos… ¡¡¡os esperamos!!!

LA NORMALIDAD ES UNA ILUSIÓN, “LO QUE ES NORMAL PARA LA ARAÑA, ES UN CAOS PARA LA MOSCA” (Morticia Addams, personaje de ficción,1991)

Pero hoy en día, vivir con y desde la ilusión es muy complicado. La normalidad la marca la incertidumbre, la falta de control, el desconcierto…  Y ésta, atenta contra la capacidad de soñar, de generar proyectos, de ir más allá que intentar adaptarnos al día a día que enfrentamos.

A veces escuchamos en los despachos: “¿sabes lo que es no poder ir a ver a mi familia, llevo meses sin poder ver a mis padres?”, “¿sabes lo difícil que es ligar con la pandemia?”, “¿sabes lo qué es tener que cambiar todas las costumbres y los proyectos de mi vida?”, “¿es que me estoy perdiendo unos años que nadie me va a devolver? (tanto en ancianos como en adolescentes)”… Y desde estas actitudes, quien va a soñar, quien se va a ilusionar. Lo normal es estar enfadado, decepcionado y/o defraudado.

La sensación de ser esas moscas, atrapados en la red de la araña. En un primer momento, luchamos por liberarnos hasta agotarnos. Nos dejamos la energía y casi la salud por poder volver a volar, sabiéndonos cada vez más atrapados, mientras temíamos que la araña llegue y nos coma. No teníamos conciencia de que mientras más luchábamos contra este enemigo invisible, más nos desgastábamos y más oscuro el túnel, más cerca sentíamos que estaba la araña.

Sin embargo, ante la situación de crisis sanitaria que enfrentábamos, lo que había que hacer era quedarse quieto y observar. Buscar la estrategia para ver por donde apretaba menos la red, por donde se veía más luz… y pensar, pensar mucho. Nadie esperaba todo esto y pensamos demasiado, pero desde el miedo… y muchos siguen ahí, atrapados. Y quizás sea lo normal, porque la red de la araña se sigue ciñendo sobre nosotros o demasiado cerca.

Pero cada vez somos más moscas (aunque yo prefiero vernos como mariposas, que son mucho más glamurosas), las/los que empezamos a darnos cuentas de qué con estrategia, con constancia y con ilusión (muchísima ilusión), día a día nos vamos soltando de la red que nos atrapaba. Que la normalidad que conocíamos ya no existe. Pero no nos paramos a pensar si la que vivimos es mejor o peor. Dedicamos ese tiempo en volver a soñar. En encontrar nuevos motivos y objetivos que nos lleven a levantarnos contentos y dispuestos a seguir para terminar de liberarnos de la red de araña que aún sentimos que nos apresa.

Y de pronto, con esta actitud, las mariposas volvemos a abrir las alas, a recordar como volábamos y a dirigirnos hacía los nuevos soles que hemos encontrado y hemos aprendido a ver desde que la vida nos paró. Debemos hacerlo de otros modos. Pero luchamos por volver a disfrutar de nuestra nueva normalidad, a pesar de los problemas que debamos enfrentar. Porque ya a estas alturas sabemos que podemos y por lo tanto que podremos… que el truco está en que nuestra nueva normalidad la defina la ILUSIÓN… y a ser posible… ILUSIONES, porque seguro que recuperaremos la capacidad de soñar… y mucho!!.

 

LA IMPORTANCIA DE LAS ETIQUETAS (EN SALUD MENTAL)

A lo largo de nuestra experiencia profesional, hemos comprobado que el modo en que empleamos el lenguaje y describimos nuestras experiencias, determinan tanto nuestra manera como forma de enfrentarlas.

Cuando empleamos el verbo “SER” para dirigirnos a alguien, estamos facilitando que el comportamiento, el estado anímico e incluso la forma de pensar de esa persona tienda a confirmar dicha aseveración. Este fenómeno tiene un nombre en Psicología, ya que el nominarlo parece indicar que está lo suficientemente estudiado y constatado como para poder aseverar que es así. Pero, como no es difícil de adivinar… no daremos ese nombre y sólo concluiremos que es así.

Por este motivo, cuando trabajamos con familias, nos esforzamos en hacerles ver la importancia de no etiquetar a sus hijos ni en lo bueno ni en lo malo. Que al valorar las actuaciones de sus hijos lo hagan desde el verbo “HACER” y de este modo, evitarán sesgos en la creación de sus autoconceptos.

Del mismo modo, tenemos muy claro que este efecto también se produce con  los diagnósticos clínicos. Son una herramienta fundamental de la comunicación entre profesionales y para la gestión burocrática de los recursos y procedimientos. Sin embargo, es un arma de doble filo no contemplar el efecto que los diagnósticos tienen sobre quienes los reciben. Por un lado, les permite entender que les pasa o produce su sufrimiento y, por tanto, adherirse a las pautas de tratamiento y autocuidado que precisan.

Pero por otro, también pueden generar el efecto justamente contrario. Es decir, que las personas se acomoden en su sufrimiento y formas de proceder poco saludable porque su etiqueta diagnóstica les justifica y les exime tanto de la responsabilidad como de la confianza en poder cambiar su situación. En estos casos, los intentos activos por superarse, por reconducir la situación, por aprender y madurar o bien se hacen aun más cuesta arriba o bien quedan relegados debido al rol de enfermedad que confiere recibir un diagnóstico, les puede hacer dependientes de terceros, ya sean familiares y/o profesionales.

Y finalmente queremos destacar el efecto de etiquetar etapas o procesos. Y actualmente tenemos, la nueva gran etiqueta… “la cuarta ola”. ¿Qué beneficio supone nombrar o identificar la próxima etapa de esta pandemia?. Evidentemente, esta nueva fase es el proceso necesario para la normalización de nuestras vidas. En esa “nueva normalidad” en la que todos conviviremos con el virus y que las medidas de seguridad básicas se deberán mantener durante mucho tiempo, a pesar de la vacuna. Pero ya nos hemos acostumbrado al término “nueva normalidad”, ya no se da la reactividad esperada en la sociedad. Entonces llega la “cuarta ola”. Que cómo no puede ser de otro modo, traerá sufrimiento, aunque advierten que esta vez será psicológico.

Pero… ¿y si hemos aprendido?, ¿si el principal padecimiento se deriva de las consecuencias económicas y sociales derivadas de las restricciones necesarias para contener el virus?, ¿o si fuese un problema de acompañamiento y solidaridad social y no una “ola” que conlleve patologías y más sufrimientos nuevos?. Lógicamente, los cuadros de agotamiento y sobrecarga consecuentes a esta etapa que estamos enfrentando empezarán a surgir en los próximos tiempos. ¿Es que nadie se ha planteado la indefensión que genera la maldita etiqueta?.

Por este motivo, queremos abogar por no reducir a las personas a etiquetas, por no condenarnos a enfrentar las consecuencias adversas propias de la próxima etapa pronosticada. No queremos desechar la posibilidad de que entre todos los aprendizajes que nos ha dejado esta pandemia, la solidaridad y la valentía estén presentes. Porque no debemos olvidar que todos debemos luchar por nuestra calidad de vida y nuestra recuperación personal. Y que si llegamos a la cuarta ola, es porque hemos superado todas las anteriores.

«Esperar a que todo esto pase» y el miedo a evolucionar.

Esta semana ha sido especialmente extraña. No sé por qué, pero rara.

Ha sido una semana en la que de pronto todo cuajaba, encajaba… ideas que andaban inconexas en mi cabeza de pronto, tomaron sentido. No se si puedo decir que ha sido bueno o malo, así que, sí, ha sido extraña.

Creo que hay demasiadas personas esperando a que todo esto pase, pero… ¿qué tiene que pasar?: ¿qué se controle el virus?, ¿qué estemos inmunizados y deje de morir gente?, ¿qué podamos volver a salir libremente?, ¿QUÉ VOLVAMOS A LO DE ANTES?…

Escucho mucho y desde diversos roles (social, familiar, profesional) estas palabras y siempre me planteó, ¿es «la espera» la mejor actitud ante la situación que vivimos?. Yo no sé por qué, últimamente me acuerdo tanto de los dinosaurios… supongo que también esperaban no extinguirse, ¿¿no??. Y, no. No fue una actitud que les beneficiase en términos evolutivos…

Personalmente, creo que las situaciones que enfrentamos en la vida (sean a nivel personal, social o mundial), nos exigen un aprendizaje, una mejora personal que nos fortalezca y nos haga mejorar como individuos y como especie. Considero que «esperar a que todo esto pase» implica la ingenua esperanza de que todo volverá a ser como antes. Y eso, ya sabemos que no pasará, porque: no somos quienes fuimos, hemos ganado y perdido mucho, muchos de los valores que dirigieron nuestras vidas ahora ya no son tan importantes. Todo esto implica que, debemos superar el inmovilismo personal, la actitud de espera tras la que se esconde el miedo al que vendrá, a lo desconocido. Que, por muy difícil que nos resulte, debemos conseguir construir las mejores vidas posibles en las condiciones en las que nos encontramos. A pesar de la incertidumbre, la precariedad, el temor que nos acompaña a todos. Quizás debiéramos tomar conciencia de lo que hace que nuestras vidas sean plenas, de nuestros puntos de apoyo, esos que le dan sentido a nuestra vida, que motivan nuestra maduración y sobre todo, estimulan nuestro espíritu de supervivencia.

Debemos protegernos, aprender y construir… sean cuales fueren las circunstancias que vivamos y enfrentamos. Como en cualquier otro momento de nuestras vidas, en las que no teníamos control sobre cómo iban las cosas y tuvimos que enfrentarnos a nosotros mismos para no extinguirnos, proteger a los nuestros y a nuestra calidad de vida.

Así que, la responsabilidad frente a las pautas sanitarias que se nos van dando. La conciencia de todo lo que somos y tenemos (y que ni el virus, ni la economía, ni la situación social nos podrá arrebatar). El compromiso con nuestros objetivos personales y la protección de los nuestros. La confianza en nuestros recursos, fortalezas y actitudes. El respeto ante el sentido y el valor de nuestras vidas y todo lo que hemos construido en ellas (familias, proyectos…). Serán los ingredientes necesarios para poder enfrentar la situación que estamos viviendo, de la forma más constructiva y saludable posible. ¡¡Demostremos que hemos aprendido algo de los dinosaurios!!

 

LA PANDEMIA EN UNA SOCIEDAD QUE PARECE ADOLESCENTE

Vuelven a subir los contagios y los ingresos. Otra vez, las medidas preventivas se endurecen. Volvemos a enfrentar el confinamiento, cierre de negocios… La estabilidad de muchas familias otra vez sufre un revés … y no sólo económico. De nuevo, vuelven los comentarios y quejas sobre la adecuación de las medidas, sobre las verdades y mentiras que nos cuentan en relación con las estadísticas, las vacunas… Vuelve todo ese movimiento social que hay detrás de las situaciones en las que no tenemos el control y otros asumen las decisiones en nuestro nombre. No es este el espacio para discutir si las medidas son o no adecuadas. Pero lo que es innegable es que el virus no se contiene y que cada vez que se flexibilizan las normas, suben los contagios.

No es una cuestión de buscar responsabilidades ni culpas, si no de plantearnos que pasa… ya no podemos decir que sea por falta de información. Parte de la población vive atemorizada y angustiada por la situación y las vulnerabilidades personales y familiares ante un virus y sus consecuencias. Y, por otro lado, parte de la población que, sintiéndose privada de sus libertades, buscan la manera de recuperarlas… Y ahí están los resultados, suben los contagios.

Esta situación nos recuerda a algo que escuchamos continuamente en los despachos de nuestro centro. Quienes son quienes se saltan las normas, se muestran irresponsables, no se consideran vulnerables (“eso le pasa a los demás”, ¿“por una vez no va a pasar nada…)?. Según nos consta, esos son los adolescentes, según dicen…. Pero, lo cierto y verdad es, que ahora, estas actitudes se observan y estos comentarios se escuchan también en la cola del supermercado, en los bares, en la calle… por parte de adultos, en muchas ocasiones responsables de adolescentes. Y bueno, ahí están los resultados, suben los contagios.

Ahora, nos avisan de que esta pandemia tendrá consecuencias psicológicas en la población general, no sólo en los sanitarios. Ya la está teniendo. De forma muy grosera podríamos destacar que, en los niños más pequeños, porque están cambiando sus hábitos de desarrollo y ocio, además de convivir con la angustia de sus padres. Los adolescentes, porque a pesar de estar readaptándose en sus hábitos sociales y académicos, están pasando mucho más tiempo en casa, para lo bueno y para lo malo. En los adultos, porque no tenemos la misma capacidad de mantener a nuestras familias o lograr los recursos que garantizan la estabilidad y estilo de vida. Y los ancianos, por el tiempo perdido, la crueldad del virus y la soledad que se agudiza con esta situación. Y claro, la vivencia es, que hagamos lo que hagamos, ahí están los resultados, suben los contagios.

El problema que vemos es que seguimos viviendo esta circunstancia focalizando en la pérdida que ha supuesto (no sólo por las personas que han perdido su vida), en cuanto tardaremos en volver a la “normalidad”, en pretender que todo vuelva a ser como fue. Y esto no volverá a pasar. Esta situación está dejando aprendizajes y vivencias suficientes en cada uno de nosotros, como para saber que no debemos dejar pasar esta situación sin aprender que es lo importante. Que quizás debemos revisar los valores y las motivaciones que regían nuestra vida antes de la pandemia. Que los nuestros están bien, si podemos estar con ellos sanos y disfrutando del tiempo y de los sentimientos que nos unen. Solo por eso, tenemos que cuidarnos, tenemos que confiar y respetar las medidas de salud y prevención que se nos van indicando (y que van más allá de los intereses políticos). Y sobre todo que, cuidando de nosotros, cuidamos de los nuestros y así, al igual que los patrones de contagio del virus, podremos pararlo entre todos.

Queremos terminar, afirmando algo. Y es que esto, la mayoría de los adolescentes que ven cómo se hace en sus casas, lo saben y lo respetan. Así que, desde el Centro eNBlanco, queremos pedir que las familias incorporen la educación en salud a los valores que se transmiten en las casas. Recordarles que nos ofrecemos para apoyar y orientar en estos procesos a todos los que puedan necesitarlo. No sólo porque padezcan un sufrimiento clínico por esta situación. Si no también porque quieran educar a sus hijos y amigos en la prevención y el autocuidado. Y así evitaremos que se mantenga esta situación y, los contagios dejaran de aumentar.

 

¡Mucho ánimo y todo  nuestro cariño y apoyo para tod@s!