eNBlanco | Centro de Salud Mental, psiquiatría y psicología

LOS “Y SI…”, LOS “PERO ES QUE…”, LOS “NO SE/ NO PUEDO….” Y OTRAS COSAS DEL TEMER.

CUANDO SENTIMOS QUE SIEMPRE TENEMOS QUE DEFENDERNOS PORQUE TODO NOS PREOCUPA O NOS DA MIEDO

Son muchas las ocasiones en las que consideramos que nos encontramos en peligro. O quizás en los que consideramos que no tenemos recursos para enfrentar las diversas situaciones que pueden componer nuestro día a día. Estas sensaciones son normalmente etiquetadas como preocupación o miedo. Estas emociones pueden justificarse por: la percepción de falta de control; la conciencia de no saber como hacerlo o tener la creencia de que no vamos a poder; no entender cual es el peligro que estamos enfrentando o cualquier otro pensamiento negativo relacionado con la situación o con nosotros mismo. Esquemas de pensamiento que nos alejan de la confianza en nuestros recursos o de desarrollar una actitud de solución de problemas, porque nos condenan a tomar una actitud defensiva.

Y es que ésta es una emoción básica, necesaria para la supervivencia de los individuos y por tanto, la compartimos con todas las especies animales. Es, por tanto, el tono afectivo que sustentará la actitud con la que enfrentaremos las distintas circunstancias y adversidades que nos traiga la vida. Pero en el caso de los seres humanos, se observa la necesidad de darle sentido a una emoción tan importante como es el miedo. Y es en este punto, donde una herramienta evolutiva se puede convertir en un problema de cara a la supervivencia y el bienestar de cada uno de nosotros. Y el problema no es por el miedo en si, si no por el discurso de pensamientos que se desencadena tras la conciencia de este.

Son todos los juicios, discursos de pensamientos que concluyen que no somos capaces y que no sólo vamos a fracasar en nuestros objetivos, sino que además vamos a sufrir. Y cuando nos preguntamos el por qué de todo esto, la respuesta es clara… porque no podemos hacerlo de otro modo, porque no tenemos los recursos adecuados, porque no somos suficiente.

Por lo tanto, el problema no es ni será tener miedo. Es una emoción sana y necesaria. Todo lo que rodea a ésta lo que nos ancla y nos bloquea, es decir, el problemas es nuestro discurso interno.

Claramente, tenemos que defendernos del dinosaurio que nos pone en peligro, pero no podemos llegar al punto de no movernos de la gruta para evitar tener que enfrentarnos. Tampoco debemos ir con la lanza en la mano todo el tiempo por si acaso aparece el dinosaurio y menos aun, que esto nos lleve a creer que hay un dinosaurio, solo porque escuché un ruido en la maleza. Porque al final, podemos llegar a defendemos del propio miedo, e incluso  llegar a no ser conscientes ni qué es lo que nos lo provoca.

Para evitar todo el sufrimiento que este problema puede llegar a ocasionar, hay que aprender a definir adecuadamente las demandas reales de cada situación, ser conscientes de los recursos personales reales que tenemos para enfrentarlas y de las herramientas sociales y/o contextuales en las que podamos apoyarnos, valorar y comprender nuestros logros y fracasos. Serán las armas más poderosas de las que podamos disponer para ganar cada una de nuestras batallas en el día a día.

Y destaco la palabra “Aprender”. Porque a lo largo de nuestra vida hemos podido haber aprendido formas de valorar, entender e incluso de juzgar tanto las situaciones como a nosotros mismos, que nos llevan a tomar actitudes disfuncionales y poco efectivas ante el miedo. Lo que nos llevará a sufrir mucho más de lo necesario. Por lo tanto, si consideramos estar en esta situación, es cuestión de autocuidado y responsabilidad personal esforzarnos en redefinir nuestra forma de pensar y concluir, con el fin de recuperar nuestro bienestar y sentirnos eficientes en nuestro modo de relacionarnos con la vida.

Si sufrimos cualquiera de las consecuencias que conlleva no saber manejar nuestro miedo, entonces, será una gran idea buscar quién nos ayude a conseguirlo. Porque… ¡¡¡pedir ayuda está bien!!!.